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‘Don Marito’, celebra 5 décadas de trabajo en la Alcaldía de La Paz

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Una fría madrugada de 1963 en la calle Max Paredes, un grupo de barrenderos de la Alcaldía limpiaba la plaza Garita de Lima. Junto con ellos, un jovenzuelo de 15 años, huérfano y solitario ayudaba a los obreros a recoger los residuos sólidos. Proveniente de una comunidad de la provincia Camacho, Mario Colque o Marito, como le dicen sus amigos, era reconocido por los trabajadores municipales por la ayuda desinteresada que les prestaba y porque acostumbraba deambular sin rumbo por la misma zona, la Tumusla o por la ex Estación Central. Hasta que su vida dio un giro que cambió completamente su vida.

“Mis padres me abandonaron a mis 10 años”, recuerda Mario que vivía y dormía solo bajo los autos abandonados en la Max Paredes y afirma que antes las calles no eran peligrosas. “Tenía amigos que eran alcohólicos y ellos me ayudaban a conseguir comida porque no tenía ropa ni plata”, confiesa dijo según boletín institucional.

Uno de los barrenderos que se hizo su amigo le ofreció trabajar y unirse al grupo de obreros. Entonces Mario comenzó a trabajar sin recibir sueldo en lo que antes era conocida como la Honorable Alcaldía Municipal de La Paz -hoy GAMLP-.

Solo después de trabajar dos años “ad honorem”, pudo recibir su primer salario -en la gestión de Armando Escobar Uría- que le alcanzaba para comprar comida y algo de ropa usada en la zona de Gran Poder. “Recibí mi primer sueldo en sobre cerrado, sin mentir eran 25 pesos”, rememora melancólico.

Así comenzó esta larga etapa de 55 años en el que don Mario se convirtió en uno de los funcionarios municipales más antiguos y hoy  es un patrimonio del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz. Ahora con 70 años cumplidos y pese a su longeva edad, Marito cuenta que aún tiene fuerza y salud para ejercer su oficio de mensajero en la Dirección de Comunicación edil del Palacio Consistorial.

La travesía

En 1965 la dedicación y el buen rendimiento de Mario a su trabajo en la unidad de limpieza y saneamiento hizo que lo promocionen para trabajar como brazo derecho de los capataces o como el encargado de los obreros en la unidad edil de la avenida Camacho, oficina actual de la Intendencia Municipal.

Su empeño y el riesgo de ser obrero, provocó que Marito sufra unos cuantos accidentes. Entonces su jefe lo recomendó a un cargo en la antigua dirección de relaciones públicas conocida ahora como Dirección de Comunicación.

En este nuevo oficio, don Mario ingresaba a su trabajo a las 5.00. Su labor iniciaba con la recolección de 30 ejemplares de periódicos como El Diario (único vigente), Presencia, Hoy, Meridiano, y después de mediodía Última Hora y Jornada. Estos ejemplares eran entregados al Alcalde de turno y a las demás autoridades.

“Eran otros tiempos, la ciudad era más tranquila, yo iba de aquí para allá, a pie porque era fuerte y ágil. Sentía la necesidad de entregar todo lo del día, sin fallar nunca”, expresa Mario. También se ocupaba de seleccionar las notas municipales, las recortaba para el armado de los boletines de prensa. En las tardes, desde las 17.00 hasta las 22.00 repartía los boletines ediles a los medios escritos, radiales y televisivos.

Sin faltas ni retrasos

Desde 1965 hasta hoy, don Mario trabaja de forma ininterrumpida. El trabajador nunca tuvo faltas ni atrasos ni tampoco recibió una llamada de atención y menos un memorándum de sanción. “Soy exigente conmigo mismo y no puedo fallar en el trabajo. Si el jefe dice que hay que estar a las siete de la mañana en tal lugar to siempre llego antes, esa es una de mis reglas”, agrega.

En todos sus años como funcionario edil, Mario conoció a alcaldes como Raúl Salmón, Mario Mercado, Ricardo Sánchez, Ronald Mc Clean, Julio Mantilla, Mónica Medina, Lupe Andrade, Germán Monrroy, Juan Del Granado y Luis Revilla, entre otros. Mario recuerda que “ninguno de ellos me ha discriminado, siempre me trataban bien, me saludaban y me apoyaban”.

El trabajo era el mismo hasta que, en 1999, Juan Del Granado fue electo alcalde y una de las primeras determinaciones que tomó fue la de prohibir el ingreso de periódicos de otros medios. Sin embargo, el empleado continuó su labor en la dirección. El oficio de las tardes continuaba con normalidad, don Mario nunca dejó de entregar los boletines a los medios porque contaba con un cuaderno de registro.

La actualidad

Mario despierta a las 4.30 y a las 5.00 ya está fuera de su domicilio, ubicado en el cruce de Villa Adela de la ciudad de El Alto. Él no necesita ninguna alarma para despertar todos los días a la misma hora, pues lo hace de forma natural. Desayuna y almuerza fuera de casa. A las 6.00 ingresa a la oficina y comienza con su rutina laboral diaria. A pesar de los años, continúa con su trabajo porque aún se siente fuerte.

Hoy en día, la tecnología es de gran ayuda en su trabajo. Don Mario maneja el Internet y lo aprovecha para enviar los boletines municipales vía correo electrónico. A las 19.00 se retira a su domicilio para descansar junto a su pareja y ver algo de televisión; no le gustan las novelas porque cree son dañinas y enseñan malas cosas a los jóvenes.

Patrimonio vivo

En más de medio siglo trabajando en la Alcaldía, don Mario fue testigo del crecimiento del comercio en la urbe, además del transporte público, es por esta razón que ve con buenos ojos a los buses Pumakataris y el ordenamiento del sector gremial.

Por otro lado, vio la modernización de la ciudad, con puentes y asfaltado de calles y avenidas, mantenimiento de plazas y parques, pero cree que aún se debe seguir trabajando en beneficio de la ciudad.

Sin duda, don Mario Colque es sinónimo de esfuerzo, perseverancia y lucha; es ejemplo de superación porque pese a la adversidad nunca se dio por vencido; es modelo de responsabilidad, disciplina y constancia; es muestra de conciencia y fe, a pesar de lo dura que puede ser la vida porque siempre habrá un sueño que cumplir. “Me siento agradecido porque en la Alcaldía pude salir adelante en mi vida”, señala.

Esposo, padre, abuelo, futbolista y creyente

Mario Colque nació un 19 de enero de 1946, es casado y tiene dos hijos: Juan José (40) y Víctor Hugo (30). Su familia creció con la llegada de cinco nietos. Es amante del fútbol, en su juventud jugó de defensor, en campeonatos internos de la alcaldía y conoció canchas como el Lastra, Fígaro, Achachicala, Kilómetro 7 y El Tejar. Fue hincha del club Municipal que representó a La Paz en la copa Libertadores años atrás.

En cuanto a la gastronomía, le gusta mucho las típicas sopitas de fideo, además del chairo y el plato paceño. No le agrada asistir a fiestas o entradas folklóricas por el consumo excesivo de alcohol, por ende, no bebe, sólo ocasionalmente, pero con mesura. En su tiempo libre escucha música boliviana y algo de clásicos. “Bailo mentalmente en mi cama”, dice sonriendo.

Cree en Dios, diariamente reza y agradece por todo lo que recibe del Creador. Tiene visiones en sus sueños, siente que éstos le avisan el futuro y le previenen para lo que viene el próximo día. A pesar del sufrimiento que pasó, cuenta don Mario, él es feliz por todo lo que ha logrado, sobre todo tener buenos amigos.

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Javier Alanocahttps://www.javieralanoca.com
Freelance Periodismo Independiente
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