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Reportan cuatro vacunas contra el Covid-19 en la última face de pruebas, ¿cuáles son sus diferencias?

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Tras la declaratoria de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como una pandemia global a la propagación del coronavirus, se dio inicio a la carrera mundial para intentar encontrar una vacuna contra el Covid-19.

Hasta la fecha, según datos difundidos por la misma OMS, los competidores han multiplicado de cuatro a 52 las investigaciones para encontrar las vacunas que puedan aliviar el confinamiento humano en todo el mundo desde inicios de este año. Tres de esas vacunas están siendo probadas en humanos, el resto siguen en fase preclínica.

Pfizer y Moderna

Sin embargo, dos de las grandes empresas, Pfizer y Moderna, ya han presentado recientemente esperanzadores datos sobre sus ensayos clínicos. La fórmula de ambas vacunas se basa en la misma tecnología: usar ácidos ribonucleicos mensajeros (ARNm) para producir la proteína S del SARS-CoV-2, que se encuentran en la fase 3 de los ensayos clínicos.

La vacuna anunciada por Pfizer/BioNTech, hace unos días, «es un 90% efectiva» contra el coronavirus, resultado que generó optimismo sobre la posibilidad de frenar una pandemia que ha dejado más de 50 millones de contagiados y 1.25 millones de muertos en todo el mundo.

Mientras que la otra vacuna es desarrollada por la compañía biotecnológica de Estados Unidos, Moderna en colaboración con el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas, que acaba de presentar los resultados intermedios de su ensayo y en ellos se asegura que la eficacia del compuesto es del 94,5 por ciento.

Estos datos esperanzadores indican que detectaron 95 casos de Covid-19 entre los voluntarios del ensayo. De estos, 90 casos pertenecían al grupo placebo y 5 al grupo vacunado, lo que explica la eficacia de casi un 95 %. También indicaron que 11 de los casos del grupo placebo fueron “graves”.

Ambas vacunas en su fórmula se basa en la misma tecnología, usan ARNm para producir la proteína S del SARS-CoV-2. El ARNm está encapsulado en nanopartículas de lípidos, lo que protege de la degradación, mantienen su integridad y favorecen su fagocitosis para que las células que inician las respuestas inmunitarias las pueden captar con más facilidad.

Dado que se pueden unir a receptores de vesículas internas que amplifican las señales, estas vacunas generan una respuesta inmune muy fuerte. La vía de administración es intramuscular y en dos dosis. Los efectos secundarios que ambas han presentado son muy leves: ciertas molestias e hinchazón en el sitio de inmunización, pequeños síntomas tipo gripe, dolores de cabeza y ligera fatiga.

Diferencias en su diseño estructural. Aunque el objetivo del ARNm de ambas vacunas es producir la proteína S, esta tiene dos partes o subunidades. La S1 contiene la región de unión al receptor celular de entrada del virus SARS-CoV-2, mientras que la S2 ayuda a que se produzca la fusión entre el virus y la célula y comience la infección, según consigna un reporte de National Geographic.

El ARNm de la vacuna de Moderna/NIAID (denominado mRNA-1273) produce una forma estructural de la proteína S que es justo anterior a la fusión del virus a la membrana y contiene intactas ambas subunidades S2 y S1. La de Pfizer (denominada BNT162b1) produce solo la subunidad S1 que se une al receptor, dominio que se llama RBD.

La consecuencia es que el tipo de respuestas inmunológicas que ambas estructuras ARNm dan originen pueden ser ligeramente diferentes, tanto en los anticuerpos que generen como en las respuestas celulares.

Diferencias en la formulación de las vacunas. La vacuna de Moderna/NIAID no incluye en su formulación ningún adyuvante que amplifique la respuesta inmunológica, la de Pfizer/BioNTech sí lo hace. Aun así, la formulación no ha sido indicada en los datos metodológicos que han compartido con la comunidad científica.

Diferencias en el espaciado de las dosis. La vacuna de Pfizer/BioNTech consiste en dos dosis que están espaciadas en 21 días. Las de Moderna/NIAID son también dos, pero espaciadas en 4 semanas. En principio no es mucha la diferencia, ni es previsible que esto cause resultados distintos.

Otra de las diferencias que ambas presentan es su conservación. Mientras que la vacuna de Moderna/NIAID se puede conservar en condiciones de refrigeración durante una semana y es muy estable a temperatura de -20 ⁰C hasta unos 6 meses, la de Pfizer/BioNTech presenta una temperatura de conservación de -75 ⁰C, lo que en principio dificulta algo su transporte e implica que se tendrá que pensar en ciertas formas de poder solventar esta incomodidad.

También habrá que ver la posibilidad de que se pueda distribuir en países en los que estas condiciones tan extremas de conservación no estén disponibles.

Según la Bioquímica y bióloga molecular, Carmen Álvarez Domínguez, autora del articulo publicado en The Conversation, en ambas vacunas se desconoce la duración de la inmunidad y sobre los aspectos de la enfermedad Covid-19 que se previenen, entre otras dudas.

Oxford y China

En la carrera por encontrar la vacuna contra el Covid-19 también está China, el país que desencadenó la pandemia más letal para la salud y la economía mundial de las últimas décadas. Pekín también anunció que la Academia Militar de Ciencias desarrolló una vacuna contra el coronavirus «con éxito» y preparada para «una producción a gran escala, segura y efectiva».

Se trata, según el registro de ensayos clínicos chino, de una vacuna de vector viral que utiliza un adenovirus y que se estaría testando en 108 personas de entre 18 y 60 años. Es en cualquier caso la primera vacuna, de las muchas que se intentan desarrollar en varios laboratorios chinos, que se somete ya a pruebas en humanos.

Ha sido concebida por un equipo militar de investigación médica encabezado por la epidemióloga y general de división del Ejército Popular Chen Wei, que se desplazó a la ciudad de Wuhan, el foco de la epidemia, para trabajar en el proyecto en colaboración con la compañía de biotecnología CanSino Biologics con sede en la ciudad septentrional de Taijin.

Los proyectos de Oxford y China que investigan vacunas de vector viral también han entrado en fase clínica. La vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford ha entrado en fase clínica en los últimos días, con la convocatoria de voluntarios de alrededor de 500 personas sanas de entre 18 y 55 años.

Esta investigación británica, utiliza una vacuna de vector viral a través de un adenovirus de chimpancé. Según los investigadores “puede generar una respuesta inmune fuerte con una sola dosis y no se trata de un virus replicable así que no podría continuar infectando”.

Ambas vacunas utilizan esos vectores virales como ‘vehículo’ para transportar la famosa proteína S (spike), una de las cuatro proteínas estructurales de los coronavirus, que es la que provocaría la respuesta inmune en el organismo.

“En los últimos años se ha podido usar estas herramientas de ingeniería genética y biología molecular”, explica Isabel Sola del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, que también puntualiza que “es necesario ensayar” las vacunas ya que “aunque sobre el papel se sepa qué proteína viral es la más inmunogénica en cuanto a la respuesta de anticuerpos” ésta puede no funcionar.

“Los coronavirus tienen otras proteínas que contribuyen a otras ramas de la respuesta inmune y la equilibran”, lo que no descartaría efectos secundarios en estas candidatas.

Los avances en ingeniería genética han desterrado las clásicas vacunas aunque eso no ha impedido que varios laboratorios también trabajen con esta categoría, algunos de ellos en China o India.

Isabel Sola (CSIC) lo explica apelando a los posibles riesgos. “El virus inactivado es la categoría clásica, lo que se administra es el virus completo, con todas sus proteínas, por lo que la respuesta inmune es mayor pero en cuanto a la seguridad es necesario asegurarse de que no queda ningún elemento efectivo”, dice.

Aun así, “puede haber un cierto riesgo de que quede alguna partícula viral”. Algunas enfermedades como las paperas, el sarampión o la triple vírica utilizan este tipo de vacunas.

Son las menos, pero lo cierto es que aunque hay 52 candidatas, es imposible saber si alguna de este subgrupo será la ‘ganadora’. Y tendrán que competir también con otros proyectos que ‘van por libre’ aplicando tecnología propia, como es el caso de la tabacalera British American Tobaco que intenta desarrollar una vacuna contra el Covid-19 ‘cultivando’ un antígeno en hojas de tabaco para después purificarlo. Todo vale en la carrera contra el virus.

GPA.

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Javier Alanocahttps://www.javieralanoca.com
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