Tras un año, dos meses y 20 días de ser encarcelado por el régimen del presidente Evo Morales Ayma, hoy (14.11.2019) Franclin Gutiérrez, presidente de la Asociación Departamental de Productores de Coca de los Yungas (ADEPCOCA), finalmente le «arrancó» su libertad al juez que lo había mantenido privado de su libertad.

Al finalizar la tarde de este jueves, el líder de los productores de coca de los Yungas cruzó los portones metálicos que lo había secuestrado de la vida cotidiana en la cárcel de San Pedro de la ciudad de La Paz.

Franclin Gutierrez, abandonó el centro de su cautiverio agradecido con todos los que no lo abandonaron en todo este tiempo de injusticia del aparato estatal, sin perder la esperanza y la fe, en que un día llegaría el momento de volver a ser libre.

Franclin Gutiérrez tenía razones fundamentales para seguir en pie y no dejarse arrastrar por la persecución política del aparato estatal presidida por el expresidente Evo Morales Ayma, hoy asilado en México, una de ellas era su hija.

A su corta edad la niña no ha podido comprender ¿por qué su «papito» no podía volver a casa?, por eso la promesa del líder cocalero a su hija, se remonta a los momentos más duros de su encierro. Franclin Gutiérrez relató que le rompía el corazón cada vez que su niña le preguntaba “Papito ¿cuándo vas a salir?”.

Es en esa circunstancia que, apelando a la inocencia de la niña, Franclin Gutiérrez le manifestaba que todavía no podía salir de la cárcel de San Pedro porque no había acabado de elaborar un regalo para ella.

“Te lo estoy haciendo un castillo de venesta y no puedo terminar”, le decía Gutiérrez a su hija como excusa, frente a la capacidad de la niña de asimilar que, el ser humano nace libre y no entender el por qué su padre no podía gozar de esa libertad.

Este capítulo de la historia de Franclin Gutiérrez y su hija, a mi me trae a la memoria el drama desarrollado en «La Vida es Bella», que es una película de 1997, escrita, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni. Benigni interpreta a Guido Orefice, un judío italiano dueño de una librería, que debe emplear su fértil imaginación para proteger a su pequeño hijo de los horrores de un campo de concentración nazi. 

En la cárcel de San Pedro, usualmente, los reclusos y los detenidos preventivos indistintamente, tienen la opción de dedicarse a aprender oficios manuales mientras permanecen dentro de este recinto penitenciario de la Sede de Gobierno.

Este jueves, finalmente llegó el gran día para Franclin Gutiérrez porque podía decirle a su hija que ya había concluido con la construcción del castillo y ya podía salir de la cárcel, aunque la niña no entienda el concepto de «cárcel» pero lo sufría por la ausencia de su padre en su vida cotidiana.

El líder de los cocaleros del Yungas, salió hoy de la cárcel de San Pedro con un castillo de venesta, tan grande que casi no le cabían en los brazos y con muchos detalles que demuestran la cantidad de trabajo que se invirtió en él.

“Hijita, te lo he terminado tu castillo”, le dijo Franclin Gutiérrez a su niña cuando abandonó el recinto carcelario y no pudo contenerse y se quebró en llanto de tanta emoción de estár con su hija.

En esta ocasión, el dirigente también recordó a su hijo Jesús Franclin, de dos años de edad, que falleció de «amartelo», por extrañar tanto a su padre, a casi tres meses de haber sido encerrado en la cárcel.

Con los ojos humedecidos, Franclin Gutiérrez dijo que, le destroza el corazón el haber estado encerrado cuando su hijo menor murió. El régimen socialista de Evo Morales se ensañó con el líder cocalero yungueño, tras la ruptura de la alianza política entre este sector productivo con el partido político del Gobernante, el Movimiento al Socialismo (MAS), en enero del 2017, por falta de acuerdos en la Ley General de la Coca.

Este jueves Gutiérrez retornó al seno de su gremio y su familia tras más de 1 año y dos meses de haber sido encerrado por móviles políticos. El dirigente fue recibido en Adepcoca en medio de abrazos, música y baile.

Ahora, Gutiérrez intentará retomar su vida familiar y su vida sindical agradecido porque sus amigos y compañeros productores de coca de los Yungas nunca lo abandonaron mientras fue víctima de la sañuda «persecución política», una miseria humana que aún no ha sido erradicado en el mundo.  

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